martes, 22 de enero de 2013

De qué hablamos…? ...cuando hablamos de fobias.


                                                                                                           María Laura Pepa 
                                                                                       Licenciada en Psicología U.B.A. 

          Es muy frecuente escuchar decir que tal persona tiene una fobia, “es fóbico/a”, o “soy fóbico/a” a algún objeto, animal, situación, etc., o a varios con predominio de alguno. También es habitual que al indagar un poco encontremos que, quien lo dice e incluso quien lo padece, desconozca de qué se trata esta problemática, si tiene solución y cuál sería el tratamiento adecuado. A muchos nos impresionan inexplicablemente las cucarachas o las arañas, las tormentas, los ascensores, etc., pero estamos en condiciones de hablar de un “trastorno” o “fobia especifica” cuando las conductas de evitación, el miedo o la ansiedad son tan elevadas, que llegan a interferir en la calidad de vida del individuo, haciendo disminuir notablemente su desempeño laboral y sus relaciones sociales, transformándose de esta manera en una enfermedad. 

          El (DSM-IV), Manual de Diagnostico de los Trastornos Mentales, define las fobias específicas como un “temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos”. La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de miedo y ansiedad, que en ocasiones se manifiesta en un malestar físico con síntomas como temblores incontrolables, mareos, sudoración excesiva, palpitaciones, etc. Dicha respuesta puede llegar a tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación determinada, una crisis o ataque de pánico. 

          La persona reconoce que el miedo que siente es excesivo e irracional, pero no puede controlarlo, el miedo es paralizante e invade, por lo que se intenta evitar las situaciones u objetos que provocan la fobia, o los soporta a costa de una intensa ansiedad o malestar. Así es que, incluso antes de hacerse presente el estímulo fóbico, se produce en el sujeto un estado de ansiedad anticipatoria, que podríamos llamar "miedo al miedo". Esta ansiedad anticipatoria es la que provoca la evitación de la situación temida. El nivel de ansiedad es variable y depende de la proximidad del objeto o situación temidos y de las posibilidades que se tengan de huir. 

          De este modo, los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar provocados por las situaciones temidas, interfieren en la vida cotidiana de la persona que padece la fobia, en sus relaciones laborales, académicas, familiares o sociales, o bien provocan un malestar clínicamente significativo. 

          Como el síntoma principal de la fobia es la ansiedad, se la considera un trastorno neurótico, es decir, un estado emocional producido por un conflicto psíquico. Generalmente el objeto o situación de las fobias remite a una experiencia del pasado con características amenazantes. Es decir, hay una causa aparente, que es el estímulo que provoca la aparición de angustia y una causa real, que remite al acontecimiento traumático olvidado que se simboliza en la causa aparente. En la mayoría de los casos el sujeto ha olvidado la situación, pero la misma permanece, insiste y produce efectos. De este modo, cuando un estímulo (el objeto o situación) por asociación de ideas, puede reanimar el recuerdo, el psiquismo se defiende poniendo en marcha la reacción fóbica, que lo obliga a apartar el pensamiento del estímulo y rompe así la cadena que podría revivir el recuerdo traumático insoportable. 

          Los síntomas de la fobia aparecen en cuanto el sujeto anticipa el encuentro o se pone en contacto con el objeto/situación de la fobia y las sensaciones subjetivas son idénticas a las de la neurosis de angustia: desazón, inquietud, temor. Si el individuo intenta sobreponerse a la fobia, aparece una desazón creciente y la angustia adquiere tales proporciones que puede llegar a provocar una crisis de pánico. 

          Los contenidos de las fobias son múltiples, pero existe un amplio espectro de fobias consideradas dentro de los trastornos de ansiedad como específicas. Así se conoce al trastorno cuando el miedo está desencadenado por un determinado factor fácilmente identificable. Algunas de ellas son: 
  • Agorafobia: Es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a los lugares abiertos. La agorafobia es miedo al miedo. Se trata de la aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada, puede no disponerse de ayuda. Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar por un puente, o viajar en micro, tren o automóvil. Estas situaciones se evitan (p. ej., se limita el número de viajes), se resisten a costa de un malestar o ansiedad significativos por temor a que aparezca una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia, o se hace indispensable la presencia de un conocido para soportarlas. Las personas que sufren de agorafobia temen las situaciones que puedan hacerlas sentir ansiosas, ya que estas les generan pensamientos que en ese momento no pueden controlar, como por ejemplo, la idea de morir. La agorafobia es miedo de sufrir una crisis, un desmayo, un infarto, hacer el ridículo y sobre todo miedo a perder el control. Puede desarrollar en la persona afectada otras fobias más específicas, tales como el miedo a la soledad (anuptafobia), al encierro (claustrofobia), a las alturas (acrofobia), al agua (hidrofobia), a lugares donde hay mucha gente (fobia social), a enfermedades (hipocondría), al día o a la noche (nictofobia), al tiempo/clima (cronofobia) e incluso al sexo (erotofobia). 
  • Claustrofobia: Es un miedo a los espacios cerrados, por lo cual quien lo sufre suele evitar ascensores, túneles, subterráneos, habitaciones pequeñas, y todo lo que implique encierro. La persona claustrofóbica no tiene miedo al espacio cerrado en sí mismo, sino a las posibles consecuencias negativas de estar en ese lugar, como por ejemplo quedarse encerrado para siempre o asfixiarse, por creer que no hay suficiente aire en ese espacio cerrado. Como los espacios pequeños y cerrados suponen un riesgo, las personas con claustrofobia pueden sentirse muy vulnerables al limitarles de esa forma los movimientos. 
  • Fobia social: Es aquel trastorno por el cual la persona manifiesta un temor y una ansiedad excesivos ante situaciones que impliquen mostrarse o hablar en público. No debe confundirse con una mera timidez, ya que en el caso de una fobia este miedo implica un impedimento para que la persona se maneje de manera normal en sociedad, en su entorno laboral o familiar. Se trata de miedo exagerado a diferentes situaciones como encuentros inesperados, reuniones sociales, sentirse mirado/a fijamente, etc. La persona que padece fobia social se siente insegura, incomoda y desconfiada, con miedo sobre la que puedan pensar o hablar de ella, miedo exagerado a los juicios negativos de parte de otros, esto hace que eviten actividades sociales, y cuando se exponen a alguna de estas mismas sufren una gran tensión y síntomas tales como rubor, palpitaciones, transpiración profusa y temblor. Un alto porcentaje de personas con fobia social presentan problemas relacionados con el abuso en el consumo de sustancias. 
          Hay diferentes objetos fóbicos calificados en subtipos para indicar el objeto del miedo o evitación cuando la fobia es específica, siendo algunos de ellos: 
  • Animal: Es sentir miedo o terror, frente a animales o insectos. 
  • Ambiental: Esta relacionado con la naturaleza y fenómenos atmosféricos como pueden ser tormentas, precipicios o agua. 
  • Sangre-inyecciones-daño: Este miedo está relacionado con la visión de sangre o heridas, o recibir inyecciones u otras intervenciones médicas de carácter invasivo. 
  • Situacional: El miedo hace referencia a situaciones específicas como transportes públicos, túneles, puentes, ascensores, aviones, coche o recintos cerrados. 
  • Otros tipos: El miedo hace referencia a otro tipo de estímulos, entre los que se incluyen las situaciones que pueden conducir al atragantamiento, al vómito, a la adquisición de una enfermedad; fobia a los "espacios" (es decir, el individuo tiene miedo de caerse si no hay paredes u otros medios de sujeción), y el miedo que los niños tienen a los sonidos altos o a las personas disfrazadas. 
          En cuanto al tratamiento de las fobias, siendo este trastorno la expresión de un conflicto subyacente, implica un trabajo de elaboración del conflicto mismo, posibilidad que brinda el dispositivo psicoanalítico. Los medicamentos, en algunos casos, suelen ser necesarios para aliviar transitoriamente los síntomas, pero no ofrecen solución al problema. 

          A modo de conclusión, cuando hablamos de fobias nos referimos a una enfermedad y como tal, debe ser tratada por profesionales. Ante cualquier consulta no dudes en comunicarte. 

                                                                                  Lic. María Laura Pepa.
                                                                           marialaurapepa@gmail.com
                                                                        marialaurapepa@hotmail.com